1. Déficit Fiscal
Desde su confederación con Castilla, Catalunya ha sufrido un constante y progresivo espolio económico por parte de su, al principio, reino consorte y, posteriormente, conquistador, colonizador y opresor. Catalunya se vio en la obligación de contribuir a sufragar parte los gastos que generaban las guerras que Castilla (no España) mantenía con otros reinos de Europa en los siglos XVI y XVII. La Confederación Catalano-Aragonesa no participó en esas guerras, pero los sucesivos reyes comunes “pidieron” a sus Cortes que contribuyeran con importantes aportaciones a su mantenimiento. Después de las tres guerras que Catalunya ha librado contra Castilla buscando su independencia en los siglos XVII, XVIII y XX, Madrid impuso unos durísimos impuestos especiales en calidad de reparación de guerra. El agravio fiscal de Catalunya respecto a Castilla-España se ha manifestado en muchos otros campos. Así, por ejemplo, cuando desde Catalunya se impulsó la construcción del ferrocarril, el gobierno del estado no contempló que fuera necesario. Por ello, el primer ferrocarril que existió en la península fue el que unió Mataró con Barcelona (1848) y fue sufragado íntegramente por la población catalana. Lo mismo pasó con las carreteras necesarias para el correcto desarrollo industrial de Catalunya que, ante la pasividad del gobierno del estado, fueron construidas gracias a un arbitrio del 8% sobre el consumo pagado, desde 1848 hasta 1868, solo por los catalanes, carga fiscal administrada por la Junta de Carreteras de Cataluña y destinada a la construcción de la red de carreteras de Catalunya. Lo mismo ocurrió cien años más tarde cuando el gobierno franquista, ante la demanda catalana, no vio la necesidad de construir autopistas. En consecuencia, las primeras autopistas del estado español se construyeron en Catalunya financiadas con capital privado y, por ello, son todas de peaje. Una vez vista la bondad de esta vía de comunicación, los distintos gobiernos españoles, tanto del PSOE como del PP, han llenado el estado español de autovías libres de peaje, financiadas con los impuestos de los españoles y de los catalanes, mientras aquí seguimos pagando peajes desde hace más de 30 años. Es decir, los catalanes pagamos nuestras autopistas con los peajes y, además pagamos las autovías españolas con nuestros impuestos. Aparte de estos y otros agravios, existe el llamado déficit fiscal, es decir, el porcentaje de los impuestos pagados por los catalanes al estado español que no vuelve en forma de servicios por parte de ese estado. La reivindicación catalana de la corrección del “déficit fiscal” viene de muy lejos. Así, por ejemplo, en 1864, el gobernador civil de Barcelona Antoni Guerola, en carta al ministro de Fomento, se refería a Barcelona como “la provincia más adelantada de España y la más contribuyente, como que satisface la octava parte del presupuesto del estado”. En 1871, el diputado carlista Emilio Sicars manifestaba: “Es inútil deciros que en las provincias catalanas se paga mucho, muchísimo más de lo que pueden soportar los elementos de su riqueza; y en cambio no cobramos, siendo así que en Madrid, por regla general, nadie paga y todo el mundo cobra”. A lo que el ministro de Hacienda repuso: “¿No ha visto la fuerza de atracción que hay en los centros para sacar todo cuanto de algún valor existe en las provincias y traerlo a Madrid?”. Aidous Huxley escribió: "Quizás la más importante lección que nos da la historia es que nadie aprende de las lecciones que da la historia". La sentencia no puede ser más exacta en cuanto a los errores que ha cometido Catalunya respecto a España. Y, concretamente, en lo referente al tema del déficit fiscal. Sigamos repasando la historia: en 1926, Francesc Macià, futuro presidente de la Generalitat, hacía números en una entrevista en Le Petit Journal de París: "Catalunya separada de España no solo será más feliz en el sentido espiritual, sino en el económico. Catalunya paga anualmente al Estado Español, en impuestos indirectos, más de 700 millones de pesetas. El Estado español le retorna [...] unos 100 millones solamente. Es decir, que extrae de Catalunya un beneficio de 600 millones de pesetas anuales. Si se tiene en cuenta que Bélgica [...] tenia un presupuesto de 600 millones de pesetas, se comprenderá lo bien que se podría vivir en Catalunya". El 1966 J.M. Batista i Roca escribía en “L'economia catalana i Espanya”: "Según las datos del 1960, cada ciudadano catalán pagaba al Estado 2.943 pesetas y recibía, en servicios públicos, 579. O sea que un catalán pagaba 570 pesetas más que cualquier ciudadano del Estado i recibía de éste 2.015 pesetas menos". El 2003, Xavier Roig, a “Entre l'Espanya i la paret”, actualiza las datos a euros pero, en pesetas o en euros, la esencia de las relaciones con España no ha cambiado. Escribe Roig: "Nadie puede entender que en 2001 Catalunya haya tenido un déficit fiscal con España de aproximadamente 10.746 millones de euros (un 8,9% del PIB), según publica FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros Españolas). Para que el lector se de cuenta de la magnitud de la tragedia, Xavier Roig expresa las cifras de manera aún más simple: "Esta cantidad da un déficit de 1.780 euros por persona i año (es decir 7.120 euros por cada familia catalana de cuatro miembros, i eso significa un buen coche cada dos años) [...]. I una cantidad que permitiría a la Generalitat edificar cada año 55.000 viviendas y regalarlas! O construir quince líneas de TGV de Barcelona a la frontera francesa cada año. Escandaloso, ¿no?". 1864, 1871, 1926, 1966, 2003. Si yo fuera historiador probablemente encontraría muchas más citas que hacen hincapié en esta lacerante cuestión. Existe un texto escrito en 1998 por Úrsula de Serrallonga para Òmnium Cultural que facilita enormemente la comprensión del concepto de “déficit fiscal” y el agravio que supone para Catalunya. He reproducido este texto a partir de la página web (http://www.columbia.edu/~xs23/catala/articles/articles.htm) del eminente economista Xavier Sala Martín, profesor de la Universidad de Columbia, cuya visita recomiendo ya que sus artículos, claros y amenos, permiten entender muchas de las cosas que actualmente afectan a la economía mundial.
2. El Déficit Fiscal de Catalunya en España: Un Análisis Divulgativo
No es el vampiro quien da la sangre
En un informativo de TVE1 que se emitió en el verano de 1998, se entrevistaba a una pareja de turistas españoles que habían venido a pasar unos días en Catalunya. Estaban dentro del coche, visiblemente irritados. Mientras el marido ponía cara de circunstancias, la señora abroncaba al entrevistador diciendo: "Sé que estos catalanas son unos robagallinas. No solamente van a Madrid a chantajear al gobierno y quedarse cono nuestro dinero, sino que encima, cuando venimos a Cataluña, ¡nos hacen pagar hasta para ir por las autopistas!" Situaciones como ésta son bastante comunes y son el fruto de una campaña de intoxicación de información que se ha llevado a cabo desde varios sectores de la sociedad y la política española. Sin embargo, la verdad es bien distinta: no sólo los catalanes tenemos la desgracia de pagar peajes cada día por ir a trabajar mientras que otros sólo pagan cuando vienen de vacaciones sino que, además, nuestra relación fiscal con el resto del Estado español nos es muy desfavorable puesto que mantenemos un enorme déficit fiscal. No es el vampiro quien da la sangre. De ahí que, en Òmnium Cultural creemos que es importante que la sociedad sepa la verdad y por eso es por lo que hemos creado un documento que intenta explicar el problema del déficit fiscal de Catalunya con España de una manera clara, inteligible y asequible para todo el mundo.
¿Qué significa que Catalunya tiene un Déficit Fiscal con España?
Toda política económica comporta redistribución de recursos. Cuando un ayuntamiento pone impuestos sobre la propiedad y utiliza el dinero recaudado para asfaltar una calle que acaba siendo utilizada por todos los ciudadanos del pueblo, las familias que tienen más propiedades acaban pagando más dinero que la gente que tienen menos, mientras que acaban disfrutando por igual de la calle asfaltada. De alguna manera, pues, es cómo si la política del ayuntamiento redistribuyera dinero de las familias que tienen más propiedades a las que tienen menos. Esto es, hasta cierto punto, normal. Los problemas empiezan cuando el ayuntamiento, tras recaudar impuestos de todos los ciudadanos, insiste en gastarse sistemáticamente todo el dinero en un determinado barrio, ya sea porque es el barrio dónde vive el alcalde o dónde éste tiene la mayor parte del electorado. Es entonces cuando una parte de la población tiene derecho a quejarse de un tratamiento fiscal injusto. En las sociedades occidentales similares a la nuestra se puede decir que, en general, la redistribución tiende a ser de los ciudadanos más ricos hacia los más pobres. La razón es bien simple. Por un lado, los impuestos tienden a ser progresivos: quienes más tienen, más pagan. Por otro lado, los servicios que los ciudadanos ricos reciben del gobierno (ya sean escuelas, carreteras, policía, subsidios o el que sea) no tienen porque ser superiores a los servicios que reciben los ciudadanos menos ricos. Lógicamente, lo mismo pasa si en lugar de hablar de ciudadanos hablamos de pueblos, regiones o comunidades enteras. Por ejemplo, todos los pueblos del estado español (incluyendo el catalán) pagan impuestos al gobierno central de Madrid. El gobierno coge el dinero y lo gasta de diferentes maneras. Algunos de estos gastos se hacen en Catalunya. Entre estos hay el dinero que el gobierno central de Madrid da al de la Generalitat por financiar su presupuesto. También se incluye el dinero que el gobierno central de Madrid invierte directamente en Catalunya a través, por ejemplo, del Ministerio de Fomento o las pensiones que los abuelos catalanes reciben de la seguridad social. Hay otros gastos que no se hacen directamente en Catalunya parao benefician a los catalanes. Un ejemplo de esto sería el salario del ministro de cultura: pese a que el salario se paga en Madrid, en la medida que el ministro hace un trabajo que nos "beneficia" a todos, todos hemos de ayudar a financiarlo. Lo mismo pasa con los gastos militares y muchos otros que se tienen que hacer en la capital del Estado, parao que todos los ciudadanos del Estado tienen que financiar de manera solidaria puesto que también se benefician. A final de año, una vez se han realizado todos estos pagos, es normal que una comunidad como Catalunya se pregunte cuánto dinero ha pagado en impuestos y qué servicios ha recibido a cambio. Al fin y al cabo, en un país democrático todo ciudadano tiene el derecho de saber qué hace el gobierno con su dinero. La diferencia entre todo el dinero que Catalunya paga al gobierno español y todo el dinero que vuelve a Catalunya, de manera directa o indirecta, es lo que se denomina balanza fiscal de Catalunya en relación en España. Cuándo Catalunya paga más de lo que recibe, se dice que Catalunya tiene un déficit fiscal con España.
3. Magnitud e Impacto Económico
Calcular la magnitud del déficit fiscal catalán no es fácil. Y no lo es por dos razones. La primera es que el gobierno de Madrid no publica los datos fiscales, pese a una resolución del "Congreso de los Diputados" que le insta a publicarlas. La segunda dificultad es de carácter técnico. Como ya hemos dicho, una parte del gasto que "beneficia" a los catalanes no se hace directamente en Catalunya sino en Madrid, cosa que complica enormemente los cálculos del gasto territorial que corresponde en Catalunya. Sin embargo, estas dificultades no han impedido que algunos economistas hayan intentado hacer el trabajo que había de haber hecho el gobierno de Madrid y hayan calculado el déficit por su cuenta. Algunos de estos estudios han sido publicados en el libro editado por Òmnium Cultural, "Catalunya i Espanya: Una Relació Económica i Fiscal a Revisar" (ed. Proa, 1998). Estos estudios estiman que el déficit fiscal de Catalunya en España en los últimos años se sitúa entre el 7,5% y el 10% del producto interior bruto catalán. Es decir, de cada 100 pesetas de renta generadas en Catalunya, entre 7,5 y 10 pesetas se van a Madrid a cambio de nada. Para el año 1998, pues, el déficit se situaría entre 1,1 billones y 1,5 billones de pesetas. Lógicamente, podríamos dar números bastante más ajustados si el gobierno central cumpliera la resolución del Congreso y hiciera públicas las balanzas fiscales de todas las comunidades. El dato que a menudo se emplea es el de 1,2 billones de pesetas. Es importante insistir en qué estos 1,2 billones son el déficit fiscal y no todo el dinero que los ciudadanos de Catalunya pagan a Madrid. Los catalanes pagamos más de 5 billones de pesetas, parao esto no es el déficit puesto que la mayor parte de este dinero o bien vuelve a directamente a Catalunya o bien sirve por financiar los gastos del Estado de las cuales, o bien todos nos beneficiamos o bien hemos de ayudar a pagar de manera solidaria. Los 1,2 billones de pesetas son la diferencia entre lo que pagamos y lo que recibimos a cambio. Es decir, es dinero que se va a Madrid...a cambio de nada. Antes de escandalizarnos por el hecho que los catalanes pagamos más de lo que recibimos del gobierno español, hace falta recordar que es normal que los ciudadanos ricos tiendan a pagar más de lo reciben del gobierno. Por lo tanto, como que Catalunya es una comunidad relativamente rica, es normal que tenga un déficit fiscal. La pregunta, pues, no es si es normal que Catalunya tenga un déficit fiscal sino si es normal que el déficit sea de 1,2 billones de pesetas. Cuánto dinero son 1,2 billones de pesetas? Las magnitudes macroeconómicas, como los traspasos de los futbolistas, son tan grandes que a menudo se nos hace difícil entender su dimensión real. (Puesto que hablamos de futbolistas, hace falta recordar que el traspaso del Ronaldo al Inter se hubiera podido evitar con 4.000 millones de pesetas. Es decir, con 1,2 billones de pesetas los catalanes nos podríamos comprar 300 Ronaldos cada año!) Una manera sencilla de cuantificar la magnitud del déficit fiscal de manera entendedora es calcular cuánto pagamos cada uno de nosotros. Si hacemos los cálculos, encontraremos que un déficit de 1,2 billones de pesetas representa una media de 800.000 pesetas anuales por cada familia catalana. Dicho de una manera sencilla, pues, se puede decir que la familia típica catalana envía en Madrid unas 800.000 pesetas cada año (unas 66.000 pesetas cada mes)...a cambio de nada. Preguntaos qué haríais con 800.000 pesetas adicionales cada año. Preguntaos qué haríais con 66.000 pesetas extras cada mes. ¿Comprar una casa más grande? ¿Comprar un coche pequeño cada dos años? ¿Comprar un coche grande cada 5 años? ¿Llevar a toda la familia a Disney World (el de Florida, no el de París) cada año? ¿Trabajar menos? ¿Llevar a los niños a las mejores escuelas? ¿Curar el abuelo en los mejores hospitales? "¡No seáis demagogos!", exclamarían ahora los detractores, "¡No digáis esto puesto que, si se eliminara el déficit fiscal, no es cierto que la familia típica recibiría un cheque de 800.000 pesetas cada año!" Y los detractores estarían equivocados: si los catalanes tuviéramos poder de decisión sobre como gastar este dinero podríamos decidir, ¿por qué no?, rebajar los impuestos que pagamos, lo cual aumentaría los ingresos netos de la familia típica catalana en unas 800.000 pesetas cada año. Ahora bien, si los catalanes pudiéramos decidir qué hacer con todo este dinero que ahora se va a Madrid (...a cambio de nada), seguramente no decidiríamos bajar los impuestos. Seguramente los utilizaríamos por hacer obras públicas, aeropuertos, hospitales, escuelas, universidades y otras cosas que el país necesita. ¿Qué se podría hacer con 1,2 billones de pesetas anuales? Un ejemplo que ilumina bastando el significado real de la cifra de 1,2 billones de pesetas nos lo da uno de los milagros urbanísticos más impresionantes que se han visto en la última década: la transformación de Barcelona durante los Juegos Olímpicos del 1992. Barcelona pasó de ser una ciudad gris, sucia, mal comunicada y con poca infraestructura hotelera a ser una ciudad nueva, limpia, guapa y atractiva turísticamente. Esta casi milagrosa transformación, no tan sólo ha permitido a todos los ciudadanos disfrutar de una ciudad mejor sino que ha aumentando el atractivo de la ciudad para turistas y conferenciantes, cosa que está generando mucha riqueza adicional. La pregunta es: ¿cuánto dinero costó todo este cambio? Pues bien, si sumamos todos los gastos relacionados con los Juegos Olímpicos (infraestructuras, aeropuerto, rondas, limpieza de fachadas, calles, estadios, Villa Olímpica, Puerto Viejo, Puerto Olímpico, etc.), obtenemos un coste total de 800.000 millones de pesetas. Es decir, si en lugar de enviar anualmente los 1,2 billones de pesetas en Madrid (...a cambio de nada), los dedicáramos a inversiones dentro de Catalunya, entonces cada año podríamos hacer un milagro similar al que hemos hecho en Barcelona y aún nos sobrarían 400.000 millones pesetas para construir un parque como Port Aventura-Universal Studios y comprar 40 parejas de hermanos DeBoer cada año. Lógicamente, con los 1,2 billones de pesetas quizás no querríamos hacer unos juegos cada año, bajar impuestos, comprar autopistas, construir parcos de atracciones o adquirir parejas de hermanos DeBoer. Durante los próximos cinco años, los catalanes enviaremos en Madrid unos 6 billones de pesetas. Poner las infraestructuras viarias (carreteras, puertos, aeropuertos) a nivel medio europeo costaría unos 1,5 billones de pesetas. Recuperar el nivel de infraestructuras culturales y escolares (escuelas, universidades, patrimonio histórico) costaría 1 billón. Enjugar el déficit sanitario (eliminar colas en la sanidad, construcción de más áreas básicas de salud...) podría costar 800.000 millones. Crear estructuras de calidad y de apoyo a la economía productiva (búsqueda y desarrollo, comunicación, apoyo a las PIMEs) costaría otro billón. Sumado todo, vemos que el eliminación del déficit podría comportar que Catalunya se pusiera a nivel europeo en cuestión de cinco años, y aún nos sobrarían unos 1,7 billones para rescatar las autopistas, bajar los impuestos o ser solidarios con las regiones pobres de España o Europa. Lo que es importante entender es que la magnitud del déficit fiscal que Catalunya tiene con España es exorbitante y desmesurada y que si se invirtiera este dinero en Catalunya, el panorama económico de nuestro país cambiaría de manera radical. ¿Por qué se produce el déficit fiscal? Hasta cierto punto, el monumental déficit fiscal de Catalunya no es fruto de una decisión consciente del gobierno de Madrid que dice: "tomaremos 1,2 billones de pesetas de los catalanes y los daremos a las comunidades españolas". Catalunya forma parte del sistema fiscal español y, por lo tanto, estamos sujetos al mismo sistema de impuestos. Es decir, si un ciudadano de Extremadura cobra lo mismo que un ciudadano de Catalunya, pagará los mismos impuestos. Desde este punto de vista, pues, no se puede decir que el ciudadano catalán esté discriminado. Ahora bien, como que el ciudadano medio catalán gana más que el ciudadano medio extremeño, paga más dinero en impuestos puesto que el sistema impositivo español es progresivo. Y decimos "hasta cierto punto" porque los catalanes tenemos que tener poder de decisión sobre los impuestos que queremos pagar. Nosotros, como país, tenemos que poder regular al menos una parte importante de los impuestos que nuestras familias, nuestras empresas y nuestros trabajadores pagan puesto que esto afecta no sólo al bienestar de nuestro pueblo sino la productividad de nuestra economía. El tema del gasto y la inversión pública, empero, es bien distinto. El gobierno central tiene la capacidad de decidir si hace gastos e inversiones públicas en un pueblo o en otro, en una ciudad o en otra o en una comunidad o en otra. Y es esta discrecionalidad la que genera déficits fiscales más o menos grandes y la que puede dar lugar a agravios comparativos. Tal y como pasa en el ejemplo del pueblo que hemos mencionado antes, si el gobierno cobra de todos los ciudadanos parao hace un gasto desproporcionadamente elevado en las regiones que le interesa (por razones electorales o por simple favoritismo), entonces se pueden producir déficits fiscales injustos e inaceptables. Y esta es aproximadamente la situación que genera el déficit fiscal catalán. Por ejemplo, pese a que Catalunya tiene el 16% de la población estatal, representa el 20% del PIB y aporta el 23% de los impuestos, la inversión regionalizada del Estado en Catalunya, en la etapa 1982-1998, ha significado tan sólo el 8,5% del total. Y es este trato discriminatorio la causa principal del espectacular déficit fiscal catalán.
4. Comparativa Internacional
Frente al argumento de que los déficits fiscales elevados son normales en regiones dinámicas europeas, los datos demuestran que el caso catalán es una excepción entre regiones con un PIB per cápita similar:
| Región Europea | PIB per Cápita (UE=1) | Saldo Fiscal (% del PIB) |
|---|---|---|
| Catalunya | 0.93 | -9.76% |
| Aquitania (Francia) | 0.95 | +2.31% |
| Provenza-Alpes (Francia) | 0.95 | +1.30% |
| Rheinland-Pfalz (Alemania) | 1.01 | -2.92% |
| Lisboa-Vale do Tajo (Portugal) | 0.94 | -1.95% |
Nota: Un número negativo indica déficit fiscal; un número positivo indica superávit fiscal.
5. Desmitificando Argumentos
La Balanza Comercial vs. Balanza Fiscal
A menudo se argumenta que el déficit fiscal es necesario para financiar el superávit comercial de Catalunya con el resto de España. No obstante, los analistas económicos sostienen que son conceptos independientes: el intercambio comercial es un flujo voluntario de mercancías por dinero. A ningún comerciante le interesa regalar dinero (vía déficit) con la esperanza de que le compren productos, ya que acabaría perdiendo tanto el capital como la mercancía.
El Modelo de Financiación actual
La Generalitat se financia principalmente a través de ingresos tributarios y transferencias del Estado. Al carecer de una agencia tributaria propia (a diferencia del concierto económico de Euskadi o Navarra) y de plena capacidad normativa sobre los grandes impuestos (IVA, IRPF), el territorio sufre una asimetría: paga impuestos a niveles de un estado socialdemócrata, pero recibe inversiones equivalentes a un modelo liberal.
Reflexión sobre el Coste Social: La falta de retorno de estos recursos afecta de forma directa al desarrollo de infraestructuras críticas y limita la capacidad del gobierno de la Generalitat para mitigar las bolsas de pobreza locales y competir en igualdad de condiciones en el marco de la Unión Europea.